InuKago pasado y presente separados, un futuro juntos

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InuKago pasado y presente separados, un futuro juntos

Mensaje por MegaLokaxinu el Mar Mar 06, 2012 4:59 am

AVISO: si no te has terminado de ver Inuyasha no te lo leas, no quiero hacerle spoiler a nadie!

Bien...

CAPITULO I


El despertador sonó y el dulce sueño en el que era capaz de comerme un bol gigantesco de ramen terminó de inmediato haciéndome volver al mundo real, recordándome que tenía que ir al instituto. Resignada me levanté, me duché, me puse el uniforme y tras peinarme bajé a la cocina.
- Buenos días – me dijo Kagome.
- Hola mamá – iba a prepararme el desayuno, pero miré el reloj y… - ¡¡Llego tarde!!
- ¿No me digas? – dijo sarcásticamente, yo le quité el sándwich que estaba a punto de comerse y salí disparada por la puerta mientras me lo metía en la boca y arreglaba la posición de mi bolsa como podía.
- ¡Te quiero! – dije a modo de despedida y salí dispara por el patio del templo. Corrí como alma que lleva al diablo en dirección al tren.
Mi nombre es Miku Higurashi, mi madre me tuvo con tan solo quince años, desconozco el paradero o aspecto de mi padre, ni siquiera sé si está vivo. Lo único que sé con seguridad es que se trataba de un medio-demonio y en consecuencia yo soy un cuarto-demonio
Mi madre, Kagome Higurashi, nunca me habla de ello, de hecho las pocas veces que he sacado el tema su rostro se oscurece y se vuelve una persona distante durante horas, es algo terrible, así que nunca he vuelto a preguntar. Por lo que deduzco es que mi padre fue una mala persona que cuando se enteró que estaba embarazada la dejó y no quiso saber nada de ella.
No me hace ninguna gracia ser fruto de una relación así, y mucho menos que algún tipo de tal calibre pudiera reclamarme como su hija. De hecho estuve durante casi dos años de mi vida en una constante nube de depresión y auto-reproche. Pero mi mejor amiga me sacó de aquello de la forma más inesperada posible y volví a ver el mundo como lo hacía antes.
Ya había dejado de darme importancia todo lo relacionado con mi padre, si no estaba aquí para verme crecer, él se lo perdía. Si había decidido abandonarnos era cosa suya y a mi ya me importaba muy poco quien fuera mi padre. Tenía a Kagome a mi lado y con eso me bastaba, así no tenía que compartir amor.
Llegué al colegio cuando sonaba la campana. Entré en el salón sin hacer el menor ruido posible, pero… parecía que el profesor tenía orejas de demonio porque era capaz de oírme hasta estando de espaldas, eso o que tuviera una cámara en la clase conectada a un pantalla que escondía entre las hojas del libro.
- Señorita Higurahi, llega tarde.
- ¿No me diga? – murmuré para mi misma, pero me oyó.
- ¿Esta utilizando el sarcasmo conmigo Higurashi?
- No, solo era un comentario.
- Bien, antes de que tenga más excusas para mandarla al director, le sugeriría que se sentara en su sitio – resoplé y me dejé caer en mi silla.
- Si sigues así, realmente vas a acabar yendo – me murmuró mi mejor amiga que se sentaba a mi lado
- Lleva amenazándome desde que empezamos el curso, es un farol…
- señorita Higurashi, espero que esté hablando para pedir los apuntes perdidos…
- Por supuesto – sonreí a Sakura.
- ¿Lo ves? – ella tornó los ojos y empezamos a atender a la clase.
A la hora de comer estábamos en la azotea, con un grupo de cuatro chicos y tres chicas más, todos ellos pertenecientes al grupo de tiro con arco, al que había pertenecido el año pasado, y al que tanto idolatraba Sakura.
Yo me dedicaba a saborearme mi comida mientras Sakura me contaba el problema que tenía con un chico con el que estaba saliendo, pero quería cortar, las otras chicas la escuchaban anonadadas, pero para mi habían perdido valor esas quejas a partir del ligue numero diez.
- Tu problema es que aceptas todas las propuestas de los chicos que te invitan a salir – y no me extrañaba, Sakura era una mezcla entre inglesa y japonesa, tenía el pelo de un castaño claro con mechas rubias, unos ojos grandes y azules como el mar y una piel perfecta. Las mezclas siempre eran bonitas, la miraras por donde la miraras
- Es que no sé si me van a gustar, a lo mejor uno de ellos puede ser mi hombre perfecto…
- Pe… - iba a decir algo, pero una presencia me congeló las venas. Estaba muy lejos pero su olor me resultaba familiar y era el ser más poderoso y con más fuerza demoniaca que había sentido nunca.
Vivía en el siglo XXI, donde ya no quedaban demonios, por lo que cualquier ser que tuviera un poco más de energía demoniaca que yo me sorprendería. Pero no era el hecho de que fuera más poderoso que yo, si no que me era familiar, venía directo hacia aquí y la espada que portaba era mucho más poderosa que él.
- Tú – estaba de espaldas a las rejas de la azotea, pero podía sentirlo perfectamente detrás de mí. Mis amigos pusieron cara de asombro y luego de asustados; sin embargo yo me di la vuelta tranquilamente y me encontré cara a cara con un chico que rondaría entre los 17 y los 20 años. Iba vestido con un atuendo completamente rojo y la espada que portaba estaba completamente oxidada y vieja. Pero lo que más me llamó la tención no fueron sus orejas de perro, sino el precioso pelo plateado que le caí por la espalda y le llegaba hasta más abajo del muslo. Que se parecía demasiado al mío.
- ¿me hablas a mi?
- ¿A quien sino? – tenía el ceño fruncido, pero su mirada no mostraba ningún sentimiento, miré a mi alrededor y vi que todos seguían allí. Me puse de pie - ¿Dónde está Kagome? – eso me dejó en shock ¿de qué conocía ese maleducado a mi madre?
- ¿Tengo cara de ir a decirte algo al respecto? – Frunció más el ceño – A demás, ¿no tengo ninguna intención de decirle nada a un desconocido?
- No soy ningún desconocido, al menos para Kagome, dime ¿qué relación tienes con ella?
- ¿Te repito lo mismo? No pienso decirle nada a un desconocido, y menos a uno que me exige la respuesta – apretó fuertemente los puños.
- Ya te he dicho que la conozco niña.
- ¿Y tú vas a garantizármelo? Dime ¿cómo te llamas? – se lo pensó unos segundos antes de responder, como si le diera rabia.
- Inuyasha, me llamo Inuyasha – en ese momento noté como si una parte de mí se quebrara y quedé en estado de shock, ¿Inuyasha? ¿El chico delante de mí acababa de decir que era Inuyasha? Entonces… ¿eso lo convertía en mi padre? Era un medio-demonio (podía sentir su parte humana,) tenía el pelo del mismo color que el mío y se llamaba Inuyasha, además de que conocía a mi madre. Lo único que no encuadraba es que aparentaba ser un adolescente, pero seguro que el tema de la edad para los demonios y medio-demonios (y a lo mejor para los cuarto-demonios) era diferente que para los humanos – Mira niña no tengo todo el día así que o me dices donde está Kagome o… - salí de mi estado de shock tan enfadada que una catástrofe natural se quedaría corto para describirlo.
- ¡¿O qué?! ¿Sacaras esa espada oxidada he intentarás matarme? – sabía que era muy poderosa y que era muy, muy probable que ese no fuera su verdadero aspecto, pero me estaba sacando de mi casillas. Si realmente era mi padre, el que había abandonado a mi madre, no tenía ningún derecho a venir exigiendo cosas, aunque no parecía saber que era su hija, a lo mejor ni se lo imaginaba.
- No me tientes… - pero antes de que pudiera sacar la espada una ráfaga de viento pasó jugando entre mis cabellos con el olor de mi madre impregnado en él. Giré la cabeza bruscamente y la vi andando en dirección a la puerta del instituto ¿qué hacía ella allí? Pero antes de poder reaccionar Inuyasha había saltado y se plantó delante de mi madre, en la calle, varios pisos por debajo de nosotros.
Corrí a la barandilla, donde me siguieron todo mis amigos, consiguiente que me clavara el pico en la tripa, pero me tuve que aguantar.
- ¿Qué demonios ha sido eso? – me preguntó Sakura mientras mantenía los ojos en mi madre, que llevaba un buena rato en estado de shock, y no me extrañaba nada.
- Si lo supiera… - no podía decirle que pensaba que un chico que a sus ojos tenía nuestra edad podía ser mi padre – te lo diría.
- Es que ha aparecido así tan de repente… parecía salido de la nada.
- Yo ni siquiera lo he visto aparecer – pero lo había sentido – de repente he oído: “tú” y os habéis puesto a temblar.
- No es verdad – se quejó uno de los chicos. Inuyasha empezó a zarandear a mi madre que seguía en estado de shock.
- Nooo – utilicé la ironía – que va – mi madre reaccionó y le pegó una bofetada, haciendo que retrocediera unos metros.
- Tienes que estar de broma Inuyasha – conseguí oír de los labios de mi madre, gracias a mi oído.
- ¿Qué coño ha sido eso? – Murmuró Sakura - ¿por qué le ha pegado?
- ¿tengo pinta de poder oír lo que están diciendo? – dije mientras ella refunfuñaba.
- ¡¡Al suelo!! – dijo mi madre e Inuyasha se incrustó en el suelo, dejándonos a todos atónitos y pensando si reírnos o asustarnos. Acto seguido dio media vuelta y se largó por donde había venido dejando allí a Inuyasha.
- Vale, eso si que ha sido raro – murmuró una de las chicas.
- Sabemos que tu madre trabajaba como sacerdotisa del templo – dijo una – pero no que fuera una de verdad, de hecho no sabíamos que existían
- No creo que eso tenga que ver con la segunda profesión de mi madre.
- ¿A no?
- Voy a tener que someterla a un interrogatorio esta noche – sonreí malévolamente, pero no nos dio tiempo a nada más porque sonó el timbre y tuvimos que volver a clase
Por la tarde, tras ir a tomar algo con Sakura al centro y pasarnos por el centro comercial, llegué a mi casa a la hora de cenar con tantas preguntas en la cabeza que empezaba a echar humo, pero también me daba miedo preguntar, porque como mi madre se volviera a encerrar en su mundo la casa iba a estar algo callada los próximos días…
Y para mi sorpresa, mamá estaba en casa, y por la cantidad de cosas cocinadas que había pude suponer que se había tomado el día libre. Pero eso no era bueno, cuando mi madre cocinaba de forma compulsiva es que algo iba mal.
- Hola Miku ¿qué tal el instituto? – demasiado contenta para lo que había pasado…
- Bien – dejé la mochila en el salón y entré en la cocina – a excepción de un chico que casualmente se llamaba Inuyasha me ha preguntado donde estabas.
- Y no le habrás dicho nada – afirmo.
- ¿Suelo hacer lo que me dicen?
- No – sonrió de forma nostálgica – más te valía – sonreí como una niña pequeña.
- Pero mamá… ¿quién es?
- ¿Quién? – ahora se estaba haciendo la loca.
- Ya sabes… el chico ese de… - me paré al percibir su presencia. Me volteé a tiempo para verlo entrar por la puerta de la cocina.
- Al suelo – murmuró mi madre e Inuyasha se estampó contra el suelo, pero se levantó lo más rápido que pudo para no dejar pasar a mi madre. Cuando esta fue a abrir la boca para mandarlo al suelo de nuevo se la tapó.
- Necesito hablar contigo – le miré a los ojos mientras me sentaba en la encimera con una galleta en la boca, pero no vi absolutamente ningún sentimiento en sus ojos, nada que me indicara que quiso alguna vez a mi madre; o ese tipo era un monstruo o se había transformado en un robot.
- Tienes un minuto – consiguió decir mi madre al cabo de un minuto de lucha interior y este le retiro la mano de la boca.
- Kikio se está muriendo.
- Al suelo… - Kagome estaba en frente de él, temblando; estuve tentada de saltar de la encimera, abrazarla y echar a patadas a aquel individuo pero… - ¿Con qué derecho me vienes a decir esto? – el medio-demonio se levantó.
- No habría venido, si no hubiera sido mi última opción, por favor, necesito tu ayuda.
- Al suelo – tras conseguir abrir un boquete en el suelo, Kagome pasó por encima y salió de la cocina. Iría a su habitación y no saldría en unos días. Yo suspiré, nunca me había dejado entrar en esa parte de su mundo, la que se relacionaba con su pasado, no podía hacer nada, era una batalla interior que había decidido luchar sola y a mí me había dejado completamente al margen; por lo que si intentaba ir a consolarla solo empeoraría las cosas, había aprendido eso ya mucho tiempo atrás.
Inuyasha se levantó, dispuesto a seguir a mi madre, pero eso era algo que no iba a permitir, necesita al menos unos días para digerir esto… ¿cómo podía mi madre haberse enamorado de un tipo con tampoco sentido común? (también quedaba la opción de que no se hubiera enamorado y mi padre perteneciera a los Yakuza, pero no tenía el cuerpo tatuado así que no podía ser) cogí uno de los cuchillos, lo lancé y se clavó a pocos centímetros de su cara que ya se disponía a avanzar.
- ¿Pero qué te crees que haces criaja? - ¿criaja? ¿Me acababa de llamar criaja? Este no salía vivo de la cocina.
- ¿Tú eres idiota o te lo haces? No puedes salir corriendo detrás de ella como si no hubiera pasado nada.
- No tengo tiempo para lloriqueos – realmente este tipo era una piedra de mármol con la palabra idiota en la frente, ¿es qué no entendía que mi madre estaba sufriendo? – Kikio no lo tiene
- Pues vas a tener que tenerlo, porque ella necesita tiempo para pensar, y si no se lo das no va a ayudar a esa tal Kikio – me mantuvo la mirada, con una intensidad superior a la mía normal, pero me había llamado criaja, y mi enfado con aquel tipo estaba por las nubes. Al final retiró la mirada soltando un suspiro que lo desinfló y relajó.
- No sé que tiene que pensar.
- ¿Quién esa Kikio? – dije pasando del comentario que había conseguido que se me enervaran más los nervios.
- ¿Por qué iba a tener que contestarte? ¿Y dónde están Souta, y la madre y el abuelo de Kagome?
- ¿Por qué iba a tener que contestarte? – frunció el ceño y yo coloqué mis codos sobre mis rodillas - ¿QUIEN-ES-K-I-K-I-O? – volví a preguntar, primero me miró frunciendo el ceño, pero luego resopló.
- Es… algo así como mi mujer – se me atragantó el trozo de galleta que estaba mordisqueando. ¿No estaría hablando en serio? ¿Había venido a mi madre después de dieciséis años ha pedirle que salvara a otra mujer? Que además intuía que tenía que ver en el abandono… o este tipo estaba loco o muy desesperado - ¿Dónde están ellos?
- ¿Quiénes?
- ¡su familia, las personas que viven aquí! – le miré ladeando la cabeza y luego levanté las manos.
- Yo soy su familia, si te refieres a Souta, vive en el centro de Tokio, su madre vive por ahí y el abuelo murió hace cuatro años…
- ¿Cómo qué eres su familia? ¿Acaso vives aquí?
- Claro que vivo aquí, soy su hija.
- ¿Su hija? – Inuyasha abrió tanto los ojos que pensé que se le saldrían de las órbitas. El hecho de que fuera su hija, era algo que no podíamos esconder, pero no pensaba decirle que él era mi padre, no sé si en el fondo se merecía saberlo…
- Sí – dije tranquilamente mientras él seguía atónito – como veo que no vas a irte, el sillón es tuyo – dije poniendo un bol algo de la pasta que mi madre había preparado.
- ¿El sillón?
- Si esa cosa alargada que está en el salón, ahí podrás dormir – empecé a comer con tranquilidad mientras Inuyasha me observaba con detenimiento - ¿tengo monos en la cara?
- Me recuerdas un poco a alguien a quien no tengo mucho aprecio…
- ¿Asi? – Levanté la ceja curiosa y sin dejar de comer crucé las piernas encima de la encimera - ¿A quién? - como no fuera el mismo…
- Un demonio llamado Koga – noté que una pequeña parte de mí se resquebrajaba al oír eso.
- ¿Koga?
- Si, ambos tenéis la misma manía de retar con la mirada y ser algo arrogantes – “tú también” estuve a punto de decir, pero me callé.
- ¿Qué clase de demonio?
- Un demonio lobo – la tensión se había relajado tan poco a poco que ni me había dado cuenta, pero ahora, de alguna forma u otra no estaba enfadada con él, más bien estaba curiosa por lo que se escondía detrás de él y cuanta parte de su pasado estaba relacionado con el de mi madre. Iba a decir algo más, pero Sakura me llamó al móvil; me despedí de Inuyasha y tras dejar el plato en el friegaplatos subí a mi habitación.
Allí me pasé cerca de una hora hablando con ella por el móvil, hasta que sus padres le dieron un toque por lo que gastaba en el saldo telefónico y me hizo prometer que al día siguiente llegaría puntual antes de colgar. Me puse el pijama y sin preocuparme de si Inuyasha había ido al salón me quedé dormida.
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ok, este fic, no es mio, es de una amiga de otro foro-Katsumi-, qe le pedi permiso para subirlo aqui ya qe me gusto mucho y qeria compartirlo con ustedes^^
espero qe les guste a ustedes tanto como a mi Smile
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Re: InuKago pasado y presente separados, un futuro juntos

Mensaje por Sekai el Mar Mar 06, 2012 2:11 pm

lo subiste en amvos Wink
subi el proximo pliiis plis Very Happy
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Re: InuKago pasado y presente separados, un futuro juntos

Mensaje por MegaLokaxinu el Vie Mar 09, 2012 11:35 pm

jejeje sip ñ.

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CAPITULO II:

Cuando me levanté esperé sentir la tensión desde mi cama, pero para mi sorpresa la casa esta DEMASIADO tranquila, agucé el oído y pude distinguir que mi madre aun seguía durmiendo, iba a llegar tarde al trabajo, y en cuanto a Inuyasha… estaba en los alrededores de la casa, pero no se encontraba dentro.
Me levanté tras remolonear unos minutos más en la cama, me duche, me vestí con el uniforme y tras peinarme bajé a la cocina, exactamente igual que ayer. Me preparé yo sola el desayuno, ya que por primera vez en mucho tiempo iba con tiempo, y me senté en la encimera a comérmelo cuando llegó Inuyasha.
- Ey – por las mañanas a excepción de mi madre mi vocabulario estaba lleno de monosílabos.
- ¿Y Kagome? – señalé hacia arriba con la boca llena de cereales. Dio media vuelta para ir hacia allí pero le tiré una magdalena a la cabeza - ¿pero qué? – negué tranquilamente y el frunció el ceño.
- Está durmiendo – gruño por lo bajo, pero luego empezó a prestarle atención a lo que le había tirado y se lo comió.
- Estoy despierta – dijo al cabo de un rato mi madre entrando por la puerta de la cocina, con… ¿falda? ¿Hacía cuanto que no la había visto con falda? ¿La boda de Souta varios años atrás? ¿Qué se le estaba pasando por la cabeza? – te voy ayudaré Inuyasha, pero con una condición, pueda o no pueda ayudarla, cuando todo esto termine te irás y no volverás a atravesar el pozo - ¿el pozo? ¿qué pozo? Ahora era yo la que estaba perdida.
- Vale – acto seguido mi madre dio media vuelta y salió de la cocina, Inuyasha la siguió y un minuto después ambos se habían ido.
- Adios – dije irónicamente a la nada. Me terminé los cereales, dejé el bol en el friegaplatos y tras acicalarme un poco más el pelo, cogí mi mochila y me dirigí tranquilamente hacia el instituo. Pero al salir de casa el olor de Inuyasha y de mi madre se perdía dentro del templete que guardaba el pozo, entonces… ¿a eso se refería con lo del pozo?¿realmente era mágico? Pero y si lo era ¿a dónde llevaba? Me sacudí la cabeza antes de que me estallara de preguntas y seguí andando.
Cuando llegué al instituto estaba en mi propio mundo, la gente me saludaba y sonreía, incluso las que no recordaba. Sakura me sacó del grupo de mosquitas curiosas y me sometió a un tercer grado del que no consiguió sacar nada porque en seguida mis palabras se enredaban con mis pensamientos y volvía a empezar a hacerme preguntas…
Me había pasado lo últimos tres años de mi vida convenciéndome de que el pasado no me importaba, que lo único era como mirara hacia el futuro, pero la curiosidad me había vuelto a picar y era un grifo muy complicado de cerrar, sobretodo cuando te lo ponían delante de nuevo, pero nadie te lo quería explicar, sobretodo cuando mi madre sufría y no sabía porque, sobretodo porque mi vida parecía sacada de una historia de cuento de hadas pero mi hada madrina no aparecía por ningún lado para ayudarme.
Al sonar la última campana Sakura me obligó a acompañarme a mi casa, porque decía que en el estado de distracción extrema que me encontraba no sobreviviría al primer semáforo, lo que no sabía era que si cruzaba un paso de cebra en rojo lo menos probable es que un coche me pudiera atropellar, pero no dije absolutamente nada.
Como esperaba no había nadie en casa, y Sakura decidió quedarse; la ayudé con las matemáticas y ella me ayudó con filosofía (lo mío no era memorizar cosas). Cuando ya se hizo tarde me preguntó por mi madre y yo me encogí de hombros. Ella decidió quedarse a dormir, después de todo era como su segunda casa. Cenamos algo de lo que mi madre cocinó ayer y nos pusimos a ver unas películas cuando terminamos.
Cuando íbamos por la mitad de la primera sentí la presencia de mi madre, salí del salón diciéndole a Sakura que iba al baño y tras cerrar la puerta tras de mí vi a mi madre abriendo la puerta de casa de la forma más silenciosa posible.
Tenía los ojos rojos, el pelo manchado, temblaba y parecía veinte años mayor del cansancio que aparentaba. Se sobresaltó al verme, pero no dijo nada.
- ¿Qué ha pasado?
- Nada, estoy cansada, me voy a la cama – pasó por mi lado y yo suspiré sabiendo que no le sacaría nada.
- ¿No pensarás volver mañana?
- Tengo que hacerlo, tú no has visto lo que ahí, tengo que sacárselo.
- No tienes por qué hacer nada.
- Lo sé, pero no puedo quedarme parada cuando alguien sufre – eso era verdad, lo único que le importaba es que nadie sufriera, menso ella. Resoplé, no habría forma de deterla
- Al menos date una ducha.
- Y vosotras deberíais iros a la cama, mañana hay instituto.
- En un rato – ella asintió y subió las escaleras tras murmurar un buenas noches y dedicarme una sonrisa.
Al terminar la película fuimos a mi habitación y tras sacar la cama supletoria y ponernos el pijama caíamos rendidas. Pero no sin antes de hacer una nota mental de echarle en cara a Inuyasha lo que estaba haciendo con mi madre, la próxima vez que le viera.

Cuando me levanté por la mañana temprano para darme una ducha antes de que Sakura se despertara (porque era capaz de darse una ducha de tres horas y media y luego meterme prisa diciendo que era mi culpa que llegáramos tarde) sentí que mi madre ya se había dicho y mi instinto me decía que no precisamente a trabajar, lo que me puso los nervios a flor de piel.
Cuando salí de la ducha Sakura seguía durmiendo, ahora acaparando el resto de mi cama que por la noche no había pordido acaparar pero había intentado quitarme, bostecé y tras despertarla a base de cosquillas y dejar que se duchara fui a preparar el desayuno.
- ¿Sabes que mi madre me acaba de mandar un mensaje preguntándome por qué no he ido a dormir a casa? – dijo Sakura entrando en la cocina con el uniforme y el pelo intacto.
- Como se preocupa tu madre por ti – bromeé pasándole un bol de cereales – Bueno, luego está tu madre, que ayer no vino a dormir…
- En realidad sí, la vi cuando salí al baño, pero ha salido hoy temprano – ella frunció el ceño.
- ¿Cómo es que llegó tan tarde? – me encogí de hombros – porque tú y yo sabemos que tu madre trabaja, pero tampoco le importa escaparse del trabajo de vez en cuando, no es de las que hace horas extras para nada.
- ¿Te acuerdas del chaval ese de pelo plateado y orejas de perro?
- ¿Orejas de perro? ¿Tenía orejas de perro? - se encogió de hombros – pues no me figé, a lo mejor iba cosplayiado.
- Posiblemente, bueno pues últimamente a estado algo rara, creo que tiene que ver con eso y con mi padre.
- ¡¿Tu padre?! – casi saltó de al silla - ¿Tu madre ya te ha dicho quien es?
- No, es intuición.
- Intuición – me reprochó con desgana.
- Sabes que nunca falla, hasta me hizo sacar un diez en un examen de historia que no había estudiado relacionándolo con un manga.
- Eso fue tu maldito don para la buena suerte.
- Llámalo como quieras, yo lo llamo intuición – me miró con los ojos entrecerrados antes de meterse otra cucharada en la boca.
- Osea que… el hecho de que tu madre casi no esté en casa lo atribuyes a algo relacionado con tu padre.
- Aha
- Que tras estar dieciséis años perdido por ahí sin dar señales de vida siendo un agente secreto del FBI – las historias sobre al vida de mi padre que se hacía Sakura eran peores que als mías – tu padre ha decidido aparecer… - asentí - ¡Eso quiere decir que estás en peligro, porque su mayor enemigo quiere matarte en venganza por haber descubierto toda la droga que ocultaba la mafia rusa! – mi tic en la ceja decía claramente:”¿De qué coño estás hablando?”
- Si, ya – dije sarcásticamente - y mi madre resulta que estaba dentro de la mafia japonesa de joven y al conocer a mi padre decidió salir, pero su relación era imposible, porque se ponían en peligro mutuamente ¿no?
- no, no, tú madre es el amor de una misión del que jamás podrá olvidar, pero con el que no puede estar porque no puede revelar su identidad y pondría su vida en peligro… - nos quedamos mirándonos un rato y luego nos empezamos a reír a carcajadas, casi acabamos en el suelo.
- Vale, creo que esa es una de las mejores historias que hemos sacado sobre mi padre – me sequé las lágrimas que me había humedecido los ojos.
- No yo creo que fue mejor la de que tu madre era una princesa sirena y para poder estar con su amor se convirtió en humana, pero su padre mató al chico – así fue como gracias a Sakura años atrás le quité importancia al hecho de no saber nada sobre mi padre. Me levanté y dejé los boles vacios de cereales en el fregadero.
- No, fue mejor cuando intentaste explicar mi color de pelo diciendo que un angel se había enamorado de mi madre y había bajado a la tierra a estar con ella, pero Dios lo castigó y lo recluyó en el cielo – eso me haría a mí un nefilim.
- Aun no sé, porque te reíste tanto con esa versión – Sakura me seguía escaleras arriba para coger als mochilas.
- No sé – me encogí de hombros, la verdad era la paradoja de que mi padre fuera un medio-demonio, lo contrario a un angel – me hizo pensar, nada más.
Cogimos las mochilas y tras salir de casa sentí que, como había intuido, el olor de mi madre se perdía dentro del pozo, apreté fuertemente los puños sin entender por qué volví a aquel lugar, ¿por qué iba si lo único que iba a encontrar era dolor y frustración? Pero más importante ¿qué era ese lugar? ¿El infierno? ¿Una dimensión paralela?
- ¡Miku!¡Que llegamos tarde! – sakura me sacó de mi ensoñación y corrí hasta ponerme a su altura. Me sacudí la cabeza y sonreí.
- No será mi culpa esta vez.
Al terminar el instituto y volver a salir con Sakura, esta vez me llevó de compras al centro de Tokio porque decía que la próxima fiesta de cumpleaños de vete tú a saber quien (porque nunca me acuerdo) iba a ser dentro de poco y tenía que encontrar el vestido perfecto para los zapatos que su tía le había traído de París.
Cuando terminó el día, se había probado mil y un vestidos pero no había encontrado ninguno que le terminara de gustar, como siempre, así que como ya me sabía de que iba esto, antes de empezar la arrastré a una librería y me compré un libro, con solo decir que ya voy por la mitad uno se puede hacer una idea de la cantidad de tiempo que pierde.
Decidí ir a cenar a casa de mis tíos sabiendo que no habría nadie en casa,no me apetecía estar sola porque mi cabeza empezaría a rumiar una y otra vez todo lo que estaba pasando y al no tener nadie que pudiera darme respuestas las conclusiones que sacaría serían realmente espantosas.
Tras mandarles un mensaje me encaminé hacia allí, aun quedaban unas horas para la cena ,su casa estaba muy lejos y me apetecía andar, así que desde donde estaba me dirigí a la otra punta de Tokio (una de las ventajas de tener parte demoniaca es que no te cansabas nunca)
Tuve dos horas de reflexión que me sirvieron para tratar de convencerme a mi misma de que este asunto no me concernía en absoluto, que era sobre mi madre e Inuyasha, que yo no tenía nada que ver y por consiguiente nada interesante que sacar. Cuando ya entraba en el portal de mis tíos no sabía si creérmelo o no.
- ¡¡Miku!! – gritaron a pleno pulmón los mellizos mientras se abalanzaban sobre mis piernas, desde que había aprendido a andar eran tan hiperactivos que si fuera su madre los llevaría con correa, y aun así seguirían dando vueltas en círculo.
- Hola enanos
- No somos enanos – protesto Kokone – él cumplirá cinco el día de su cumpleaños – dijo señalando a Yunna.
- Y ella cumplirá cinco el mismo día – señaló su hermano.
- Eso espero porque como cumplierais años el día que no tocaba íbamos a tener un problema – dije mientras caminaba con dos monos cogidos de mis piernas – Hola Souta – dije abrazandole.
- Hola enana.
- ¡Oye! Las enanas en cuestión son ellos – señalé a mi pies.
- A no, no, ellos son pulgas, tú eres enana.
- Siéntete importante al menos has pasado de nivel – dijo mi tía que llegaba del salón.
- ¡Miyu! – la abracé como pude para no aplastar a los pequeños monstruitos que se habían apoderado de mi piernas.
- Espero que tengas hambre.
- Me estoy muriendo de hambre.
- Perfecto porque hoy ha cocinado Miyu y no yo, y ya sabes las cantidades de comida que hace.
- Perfecto – entonces me volví a los enanos que estaban empezando a llenar mis pantalones con el olor de sus gatos – bueno pulaga uno y pulga dos ¿teneis pensado soltar mis piernas?
- Nooooo – dijeron energéticamente, un bozal desde que aprendieron a hablar tampoco les habría venido mal. Seguí andando con la carga de mi primo y mi prima en cada pierna, hasta que llegué hasta una de las sillas de la mesa del comedor y tras sentarme saltaron a mi regazo, definitivamente se había puesto de acuerdo para estrangularme hoy por la noche.
- Y dime Miku – dijo mi tío apareciendo con un bol de espaguetis que dejó sobre la mesa - ¿Cómo es que no hay nadie en casa? – con un rápido y conciso movimiento me quitó a Yunna antes de que pudiera darse cuenta y lo sentó en su silla.
- Es algo complicado, antes de ayer ocurrió algo… - Souta frunció el ceño mientras Miyu aparecía con una bandeja de salsa y repetía el mismo proceso que su esposo pero con Kokone
- ¿Qué ha pasado? – cuando empezamos a comer y estuve segura de que estaban todo atentos, para no tener que repetirlo comencé.
- Antes de ayer apareció Inuyasha – mi tío casi se atraganta con lo que estaba tragando y Miyu frunció el ceño mientras le salía un hipo de sorpresa.
- ¿Qué, qué? – consiguió decir Souta tras beber un largo trago de agua.
- Como has oído, se presentó en el colegio preguntándome por Kagome, yo le dije que no tenía ni idea, pero la encontró y antes de ayer por la noche estuvo en casa… antes de que me pidieran mas detalles empecé a contárselo todo, evitando las partes relacionadas con la palabra “demonio” “sobrenatural” y “un padre que aparenta las misma edad que su hija”, porque estaba segura que Miyu me tomaría por loca y a Souta no tenía ni que explicársela.
Me pase toda la noche contándoles cosas y preguntando, pero no saqué nada en claro porque Souta evitaba todas las preguntas que podía, diciendo que era cosas que le correspondían a mi madre contarme.
Al final, cuando me despedía de Miyu que se fue a acostar a mi primos, estaba en la puerta con Souta lejos de los oído de su mujer.
- Al menos respóndeme una pregunta – el frunció el ceño - ¿A dónde lleva el pozo? – estuvo largo rato mirándome pero suspiró.
- Lleva a la pasado.
- ¿Al pasado?
- Retrocede unos 500 años en el tiempo, a la época de las guerras civiles.
- El… ¿sengoku? – dije recordando a duras penas las clases de historia.
- Sí el Sengoku, pero yo no te he dicho nada
- Por supuesto que no – sonreí y tras darle un beso en la mejilla salí de la casa.
Cuando salí a la calle ya era de noche y mi reloj marcaba que eran alrededor de las doce, mañana ni un cubo de agua fría me sacaría de la cama, pensé calculando a cuantas clases faltaría por falta de sueño. Suspiré y miré al cielo deseando que todas la luces de Tokio desaparecieran para que pudiera observar las estrellas que debían de estar luciendo sobre mi cabeza.
¿Se vería el mismo cielo allá a donde quisiera que fuera el lugar donde mi madre había ido a parar? Porque aun me costaba creerme que retrocediera 500 años en el tiempo ¿Acaso eso no era imposible? (aunque no sé que hago preguntándome esto, siendo yo un cuarto-demonio) Y así andaba distraída cuando noté instintos ofensivos contra mí. Me aparté a un lado y una botella voló por mi lado, para estrellarse en el suelo unos metros por delante de mí.
- Hola prreciosa… - dijo un hombre que apestaba a alcohol, parecía el más borracho del grupo de siete que formaba, si es que el resto lo estaba, porque parecía sobrios.
- Parece que tienes buenos reflejos – dijo entre dientes el que parecía el cabecilla de aquel grupo, me sonaba de algo, pero ¿de qué? – aunque creo debe de haber sido suerte – hicieron un círculo a mi alrededor, bloqueándome todas las salidas posibles.
- Esta me gusta más que al de ayer – oí decir a otro que sujetaba una botella de sake, a ese le quedaban pocos sorbos para parecerse a su compañero.
- Y dime – se acercó demasiado a mí y me cogió el pelo y lo olió de forma que me hizo levantar una ceja - ¿qué hace una flor como tú a estas horas de la noche en un sitio así? – intenté adivinar a que quería llegar y luego me di cuenta que había tomado el camino de los callejones, un sitio poco recomendable a cualquier hora del día.
- Dar un paseo – dije con un leve movimiento de cabeza recuperando mi pelo – así que si no te importa – dije serenamente – apártate estás en medio – se empezaron a reír a carcajadas y yo suspiré, esto iba a acabar mal.
- La florecita tiene carácter – me cogió el mentón – puede que no te mate y te guarde como un trofeo – ¡ya me acuerdo! Este tipo salió ayer en las noticias, él había sido, junto con su grupo, el culpable de las chicas que se había encontrado muertas y violadas en diferentes sitios de Tokio, lo estaban buscando como locos y yo me lo tenía que encontrar volviendo a casa...
- Para guardarme como trofeo tendrías que hacer mucho más que rodearme con esta panda de ineptos, te lo advierto, yo si fuera tú me dejaría ir antes de que alguien salga lastimado – se volvió a reír, yo se lo había advertido.
- Realmente tienes valor niña, dime ¿Qué podría hacer una pequeña y delicada florecita contra nosotros?
Con un suspiro pegué un ligero salto, pasé sobre sus cabezas con una elegante voltereta y me posé sin apenas hacer ruido fuera del círculo. El jefe cruzó sus brazos sobre el pecho con una sonrisa de suficiencia.
- Cada vez me gustas más pajarito, realmente te vas ha convertir en uno de mis trofeos ¡cogedla! – el grupo de seis hombres se abalanzó sobre mí.
Al primero le pegué con ambas palmas abiertas en el pecho enviándolo hacia atrás y arrastrando con él al segundo consigo. El tercero sacó un cuchillo de algún sitio que no vi, pero me agaché, di una vuelta sobre mi misma con la pierna extendida y lo tiré al suelo. Me levanté a tiempo para arrebatárselo y ponérselo al cuarto en la garganta que estaba sacando una navaja. Se la quité y lancé ambas armas contra el edificio más cercano, clavándolo en el segundo piso, muy lejos del alcance de sus dueños. Tras varias patas y puñetazos conseguí tumbar al cuarto hombre, pero el tercero, había aprovechado que estaba ocupada con su compañero y me había llevado algún que otro puñetazo en la tripa o la cara. Utilicé al borracho para lanzarlo igual que había hecho con el primero y que llevara al tercero consigo.
- Venga ya – dije que al ver que sexto y último, que parecía la segunda cabeza del grupo, tenía una katana - ¿en serio te crees que eso me va a hacer algo? – miré por encima de su hombro y vi al tipo que intentaba atraparme, se había quedado perplejo al ver que había tumbado a todos sus hombres pero me miraba con deseo y lujuria, lo que le ganaría un buen golpe en la cara.
Las primeras envestidas del tipo con la katana las esquivé. La tercera fue un ataque horizontal a la altura de la cintura así que tuve que tirarme al suelo. Cuando me atacó de forma frontal paré la espada con las manos, pero al ver que seguía avanzando al sujeté cerrando el puño izquierdo a su alrededor, lo que me ganó un buen corte.
- ¿Qué coño…? – dijo el chico al ver que al agarrar la katana no me había cortado los dedos - ¿Cómo…? – lo que el tipo que tenía en frente no sabía era que yo era un cuarto-demonio y mi piel era diferente a la suya, a veces la ignorancia podía sorprenderte. Le pegué una patada en la tripa a la vez que abría el puño y salió disparado hasta darse con al espalda contra una pared y aterrizar sobre un cubo de basura.
- Ahí estás mucho mejor.
- Vaya, vaya – me di la vuelto y el tipejo que más asco me daba de todos sonreía malévolamente – has acabado con mi grupo, has dejado inconsciente a mi segundo y todo eso sin despeinarte o sudar. Estoy impresionado, pero nena, he decidido que vas a ser mía.
- No... me llames… nena… - murmuré intentado controlarme las ganas de matarle recordándome que era un pobre humano que no conocía otra cosa que la violencia.
- ¿no te gusta? No te preocupes cuando seas mía te acostumbraras.
- ¡dios!, que manía con los pronombres posesivos, ¿sabes que las personas no son objetos que se pueden poseer?
- ¿Tú crees? Porque yo tengo todo aquello que deseo.
- Por personas como tú el mundo da asco.
- Me alagas pequeña – este hoy no salía vivo. Sacó una pistola de la chaqueta y eso hizo que me quedara en el sitio, no me lo esperaba – pero como te he dicho, yo consigo lo que quiero – cuando le vi mover el dedo para disparar, me posicioné fuera del alcance de la pistola justo a tiempo para oír el estruendo de la bala. Antes de que el pudiera reaccionar conseguí ponerme detrás suyo y agarrarle del cuello con un brazo y reforzando con el otro.
- Para todo hay una primera vez – con la rodilla conseguí hacer que soltara la pistola que tiré lejos de nosotros. Pero no me dio tiempo a más porque se deshizo de mi aprisionamientos y me lanzó contra una pared. Antes de chocar cambié de posición, mis pies tocaron la superficie dura y me impulsé hacia delante, al principio le sorprendió y eso me dio ventaja para darle una patada y tumbarle en el suelo.
La pelea duró unos minutos hasta que después de llevarme varios puñetazos y una herida en el labio lo dejé inconsciente de una patada en el mentón. Miré a mi alrededor, todos estaban inconscientes, menudo desastre.
Los até a un poste de electricidad con una cuerda que encontré en el callejón y tras dejar un aviso anónimo a la policía decidí irme.
- ¿Cómo…? – me di la vuelta y sonreí pícaramente.
- Yo te lo advertí – tras eso di media vuelta y me alejé bastante más contenta que antes, porque aunque no me gustaba meterme en problemas de este tipo la pelea me había dejado el cuerpo lleno de adrenalina que había consumido todo el estrés que la presencia de Inuyasha me había provocado lo último días.
- No había visto pelear a una chica así desde que Sango dejó de ejercer como caza-demonios – pegué un sobresalto porque no había sentido nada y como salido de la nada tenía un demonio detrás de mí, no sabía que pensar, era el segundo ser sobrenatural que me encontraba esta semana y no sabía si podía fiarme de él.
- Gracias – dije tranquilamente mirándolo de arriba abajo, además de que llevaba quimono me sorprendió que no tenía pies, si no patas de zorro y por detrás se le podía una enorme cola moviéndose tranquilamente.
- Oye, ¿sabrías decirme donde esta el templo que dirige una sacerdotisa llamada Kagome? – espera un segundo… ¿de qué conocía este demonio a mi Madre? Ladeé la cabeza pensando, no parecía mala persona, tal vez podía confiar en él…
- De hecho voy en esa dirección ahora mismo, si quieres te acompaño
- Sería genial… Me llamo Shippo.
- Encantada de conocerte – el frunció el ceño.
- ¿No vas a decirme tu nombre?
- Es algo irrelevante ahora ¿no crees? – el me miró con cautela – y dime Shippo ¿Cómo es que un demonio como tú no puede volver – un pequeño brillo salió de sus ojos.
- ¿Me estás llamando inútil? – dijo divertidamente
- Yo no he dicho nada de eso… - el suspiró.
- El humo que sueltan esos trastos de metal a nublado mi sentido del olfato y no puedo seguir el rastro a ras del suelo.
- Ah, ya, ya te acostumbrarás si vienes por aquí más a menudo.
- ¿Y cómo es que una cuarto-demonio puede diferenciarlo?
- Yo no necesito guiarme por los olores en una ciudad que conozco tan bien, pero ya me he acostumbrado. Llevo viviendo aquí dieciséis años.
- ¿Justo dieciséis? – murmuró de forma calculadora.
- Tengo dieciséis años, no he vivido más tiempo – entrecerró los ojos y yo me pregunté que hacía revelándole datos de mi vida a un completa extraño. Pero me intrigaba, era el primer demonio completo que veía en mi vida y me fascinaba, irradiaba poder, no había ningún signo de humanidad en él y a la vez irradiaba calidez y su alma estaba intacta. El hecho de estar a su lado reconfortaba, jamás pensé que un demonio pudiera tener un alma tan cálida.
- Y dime – dijo cuando ya estábamos al pie de las escaleras - ¿Qué has venido a hacer aquí a estas horas de la noche?
- Vivo aquí – el se paró de golpe.
- Entonces deberás conocer a un chica llamada Miku Higurashi – me paré ya casi al final de las escaleras. ¿cómo es que él sabía mi nombre?
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Re: InuKago pasado y presente separados, un futuro juntos

Mensaje por MegaLokaxinu el Sáb Mar 17, 2012 11:41 pm

bn, a pesar de qe nadie lo lee Sad seguire subiendo los caps de mi fic preferido Sad

____________________________________________
CAPITULO III:

Me desperté y mi madre no estaba, como era de esperar. Suspiré, bostecé y volví a acurrucarme entre las sábanas, era sábado y era un pecado levantarse pronto. Los sábados se vivían por la tarde, se dormía hasta tarde y se acostaba uno de madrugada (eso si se acostaba, que había veces que no daba para eso).
Cuando estaba a punto de volver a sumirme en un delicioso sueño me percaté de la presencia intranquila de Shippo alrededor de la casa. Di un vuelta sobre mi misma, miré el reloj: 7:50. Sakura me iba a echar la bronca por levantarme tan temprano un sábado y yo misma recordaría este esfuerzo sobrehumano el resto de mi vida.
Me estiré, me senté en la cama y miré por la ventana, al menos era de día. Volví a bostezar y tras levantarme bajé a la cocina. Había una nota en la encimera: “Volveré tarde”. Mi madre ya se había vuelto a deprimir y se pasaría el día deambulando para pensar. No sabía a donde iba cuando estaba en ese estado, nunca me había atrevido a seguirla por miedo a que me descubriera, y mucho menos a preguntarla. Lo que si era seguro es que volvería tarde, muuuy tarde.
Cerré el puño sobre la nota, arrugándola, estrujándola. Intenté regular mi respiración antes de perder los nervios y romper algo. Al final con un grito de frustración estampé el trozo de papel contra el suelo.
- Parece que no hemos levantado con el pie izquierdo – me di al vuelta y Shippo sonreí socarronamente apoyado en el marco de la puerta.
- Bueno días Shippo – dije eludiendo la conversación. Él sonrió y se acercó.
- Kagome ya se había ido cuando me había levantado, pero había dejado eso – señaló una caja de cartón, yo la abríe inspiré profundamente cerrándo los ojos el delicioso aroma de donuts recién hechos.
- Y ahora me quiere hacer la pelota.
- ¿Qué son?
- Son donut – cogí uno - ¿quieres?
- Claro – le pasé la caja y dejé que escogiera.
- Y hoy son nuestro desayuno – dio el primer bocado - ¿te gusta?
- ¡Estan riquísimo! – yo sonreí.
- Lo sé, pero enogordan… - el levantó una ceja y me miró de arriba abajo frunciendo el ceño, como preguntándome de que me tenía que preocupar – Bueno, ¿qué te apetece hacer hoy?
- ¿Hoy?
- Sí, hoy es sábado, día de descanso. Así que tenemos toooodo el día libre.
- ¿Y qué se supone que se hace en el día libre?
- Pues uno lo dedica a divertirse – o a estudiar en época de exámenes me dije a mi misma – a quedar con sus amigos, ir al cine, de compras… no sé, muchas cosas.
- Tu mundo es algo extraño... – yo sonreí en cuanto se me vino una idea a la cabeza.
- ¿Quieres que te enseñe mi extraño mundo?
- ¿Enseñármelo?
- Sí, iremos en tren hasta el centro, te enseñaré los centros comerciales, los cines, los parques, no sé como es el Sengoku – porque para empezar me quedo dormida en clase – pero seguro que es muy diferente a lo que tú conoces… ¿qué me dices? – pareció meditarlo pero al final…
- Vale, ¿por qué no? Puede ser interesante.
- Perfecto… - lo miré de arriba abajo – pero primero tenemos que ir de compras.
- ¿De compras? – parecía empezar a entender que quería hacer y frunció el ceño.
- Sí, no creo que la gente de este mundo le parezca normal las ropas que llevas, a si que vamos a modernizarte un pelín – levantó la ceja y yo sonreí – no va a ser tan malo no te preocupes.
- Bueeeeno – sonreí y tras terminarnos el desayuno subí a mi habitación, cogí ropa y me metí en la ducha.
Al cabo de una media hora salí vestida con una falda por encima del muslo de color azul clarito con algún detalles en plateado por la parte del cinturón. Una camiseta negra de tirantes, una torera vaquera y unas converses negras a las que yo misma le había añadido meses atrás algo de tacón.
Shippo me miró de arriba abajo y sonreí mientras bajaba las escaleras y levantaba una ceja.
- ¿Siempre lleváis ropa diferente todos los días?
- Bueno, para el colegio tenemos que llevar uniforme – cogí el bolso con las llaves, el monedero, el móvil y el IPod y cincuenta cosas más de la que no me acordaba y salimos de casa – pero sí, nadie suele llevar dos días seguidos lo mismo.
Nada más salir del templo la curiosidad le venció y empezó a preguntarme por todo lo que teníamos alrededor, desde que era un coche y como funcionaba hasta las normas no escritas que regían la sociedad. Cuando cogimos el tren se sintió reacio a meterse dentro pero en cuanto le demostré que era seguro se quedó a mi lado mirando a derecha e izquierda y algo tenso.
Cuando llegamos al centro comercial me dirigí a la tienda que tenía en mente, lo suficientemente cara como para que me gustara la ropa y hubiera alguien ayudándonos y lo suficientemente barata como para que no le doliera a mi tarjeta de crédito.
- ¿Qué vamos a hacer aquí? – dijo Shippo paseando la mirada por las miles de ropas que había colgadas.
- Vestirte – puso cara de terror y yo sonreí.
- Ya estoy vestido.
- Digo, voy a vestirte como si fueras de mi época.
- Empiezas a darme miedo – yo sonreí un poco de forma macabra - ¡no! Esa sonrisa no, es la que Sesshomaru pone cuando se le ocurre algo… y lo mejor es salir corriendo lo más lejos posible – solté una carcajada preguntándome quien era ese tal Sesshomaru.
- Vale, vale, prometo no ponerte pantalones ajustados – suspiré – aunque estarías genial con ellos.
- ¿Pantalones… apretados? – le cogí del brazo y lo hice avanzar.
- Tú solo sígueme.
- Bienvenidos – giré 90 grados y me encontré con un asistente de unos 30 años, tenía el pelo en punta de color azul metálico, llevaba solo el chaleco y la camisa que identificaba a los que trabajaban en la tienda, sin la chaqueta. En ese momento supe que me iba a venir muy bien su ayuda.
- Hola – dije alégrmente.
- ¿Puedo ayudarlos en algo?
- Pues de hecho sí… - me volví a Shippo y… ¿cómo iba a explicar esto? – mi amigo viene de una sesión de fotos – dando a entender perfectamente que iba cosplayiado – pero se ha dejado la ropa en casa y no tenemos tiempo para ir a por ellas así que hemos venido a ver si podemos encontrar algo.
- Por aquí seguidme – nos guió hasta uno de los probadores– seguro que puedo encontrar algo que le venga como un guante.
- Eso sería perfecto.
- Este será vuestro probador.
- Gracias, Shippo de esto me encargo yo – el levantó las manos dando a entender que le importaba más bien poco.
Estuvimos un rato dando vueltas cogiendo mil y un tipos de diferentes ropas. No sabía que le quedaría bien a Shippo y quería estar segura de que encontraba algo que no terminara de molestarlo. Pero antes de nada me fui a la zona de ropa interior y cogí un par de calzoncillos confiando en mi habilidad para adivinar la talla.
- Ponte esto – se lo dí y lo miró como si fuer aun perro verde.
- ¿Qué es?
- Son unos calzoncillos.
- ¿Y?
- Es lo primero que uno se pone, va debajo de toda la ropa – levantó un ceja – es ropa interior – pasó a fruncir el ceño.
- ¿En serio pretendes que le ponga esto? – yo sonreí y lo empuje hacia el probador.
- Si, esta parte delante, esta detrás y los dos agujeros están para las piernas – conseguí meterlo en el probador – venga que no es tan complicado – cerré la cortina.
- Pero si esta cosa se me pega al cuerpo.
- Exacto – dije mientras me sentaba – es elástica así que no tienes de que preocuparte.
- ¿Cómo que no tengo de que preocuparme? Me acabas de meter en una habitación de un metro por un metro, haciéndome que me ponga… ¡esto! ¿y me dices que no tengo de que preocuparme?
- Oh tranquilo – dije sarcásticamente – sobrevivirás – tras eso lo oí algo sobre que prefería enfrentarse a Sesshomaru, pero luego se lo pensó dos veces y él mismo lo negó – cuando termines avisa – tenía unos cuantos pantalones en la mano que irían perfectamente con la que había considerado mi camisa favorita de toda la tienda.
- ¡Tienes que estar de broma! Los chicos de tu época no pueden llevar eso puesto – yo sonreí.
- Lo digo realmente muy serio, pero lo que llevas puesto es algo normal, hay algunos que son mucho peores. Yo si fuera tú me sentiría afortunado – lo oí mascullar de nuevo y me reí.
- Seguro que estás disfrutando mucho con esto.
- Más de lo que tú te piensas – abrió la cortina de tal manera que solo se le viera la cabeza y parte del torso que claramente estaba al descubierto.
- ¡Oye!
- ¿Qué? – sonreí y le pasé unos pantalones vaqueros – ponte esto – dije antes de que pudiera quejarse – ya sabes, parte de adelante, de detrás, piernas – entrecerró lo ojos pero cogió la prenda y se metió dentro.
- Señorita Miku – me volví al asistente que acababa de llegar - ¿Cómo va todo?
- De momento genial, hemos tenido una pequeña discusión acerca de una prenda de ropa, pero al final lo he convencido.
- Perfecto, ¿qué pantalones le ha dado?
- Lo vaqueros claros con los rotos en el lateral.
- Esos irían genial con esta camisa – me pasó un camiseta de manga corta blanca con el dibujo de un dragón chino en negro en la espalda – cogí y me volví al probador.
- Shippo.
- ¿Qué?
- Toma ponte esto y cuando termines sal – tiré la camiseta por encima del probador.
- ¡Oh! Creo que he visto un cinturón que le iría genial – y se fue antes de que pudiera decir nada.
- Ya estoy – dijo al cabo de un rato y la cortina se abrió - ¿me puedes explicar como los chicos de tú época llevan cosas tan apretadas? – llevaba la camiseta puesta, los pantalones en su sitio y el pelo algo alborotado, seguramente debido a que se había tenido que quitar el kimono. Me acerqué a él y le desabroché le primer botón de la camisa que juraría que lo estaba asfixiando.
- Ningún chico se abrocha todos los botones, a no ser que quiera morir ahogado - le desabroché otro – y queda más sexi así – si no hubiera sido por la poca luz que había a nuestro alrededor hubiera jurado que estaba un poco sonrojado.
Le sonreí sinceramente y me aparté unos pasos para observarlo mejor. Ahora estaba mucho mejor, pero… los pantalones le quedaban un pelín grandes y se le bajaban un poco más de lo normal. Decidí que me gustaba más así
- ¿Qué andas pensando? – me di cuenta que me había quedado en blanco observándolo mientras meditaba. Sacudí la cabeza y sonreí.
- Nada.
- He traído el cinturón – era de tela de color marrón y con una calavera blanca dibujada en un lateral, el cierre era de los que tenían dietnes y se cerraban con forma cuadrada - ¡Oh! Pero el pantalón le queda perfecto así… - yo sonreí.
- Lo sé, pero a lo mejor el cinturón le queda bien – se lo dio y yo le indiqué con una seña como pasarlo por las hebillas. Cuando se lo hubo puesto ladeé un poquito la cabeza y sonreí satisfactoriamente.
- Mm… ¡perfecto! – dijo el hombre.
- Sí, le queda bien… - suspiré y miré a Shippo – pero no me convence – ese conjunto me lo iba a llevar, pero quería verlo con más cosas puestas.
- ¡¿Qué?! – dijo el demonio.
- Venga, tenemos que encontrarte ropa y mil cosas que hacer así que rapidito – lo volví a meter en el probador.
Sabiendo que no tardaría mucho en perder los nervios, escogí adecuadamente la ropa y tras dos intentos encontramos otro modelo que me gustaba de pantalones anchos de un color verde militar con muchos bolsillos y una camiseta negra con un cinturón, también de tela con un estampado algo diferente.
Salimos de la tienda tras haber dejado el segundo conjunto y la ropa de Shippo en con la dirección de mi casa para que me lo enviaran allí, ya que él se había puesto la camisa y los vaqueros y no me apetecía cargar con el resto.
- ¡Bien! ¡Ahora vamos a enseñarte todo esto!
Aunque estaba un poco picado por lo de la tienda de ropa, toda muestra de mal humor desaparecieron en cuanto salimos de ella, fuimos a los recreativos y luego al parque y cuando no se me ocurrían cosas mas que explicarle me contaba como era su mundo.
Tras mucho pensarlo decidimos ir a un pequeño centro comercial donde había un restaurante genial, que a mí y a Sakura nos encantaba, pero me arrepentí en el mismo instante que puse el pie en el edificio y oí la voz de…
- Miku – se me erizaron todos los pelos del cuerpo y yo forcé una sonrisa mientras me volvía.
- Azami – y mi exnovio se materializó delante de mis narices. Él muy imbécil me había engañado con otra y aun se creía que me gustaba y seguía intentado que volviera con él.
- ¿Quién es este? – yo levanté una ceja
- Es un amigo ¿Tienes algún problema con eso? – lo miró de reojo y Shippo pasó deliberadamente de él mientras me miraba de manera interrogante.
- ¡Ey! Tú, no te hagas ideas equivocadas – Shippo lo miró frunciendo el ceño.
- ¡ERES TU…! – antes de que pudiera terminar la frase una voz chillona ahogó todo el ruido del centro comercial
- ¡MIKUUUU! – Sakura apareció y tras cogernos a Shippo y a mí del brazo nos arrastró lejos de allí dejándome a mí con la palabra en la bocay a Azami con las ganas de partirle al cara a Shippo - ¡No sabes lo que te tengo que contar! – cuando casi nos empotra dentro de uno de los restaurantes, que casualmente resultó ser al que teníamos pensado ir, no sentamos en una mesa.
- Gracias – murmuré mientras le pasaba un menú a Shippo.
- ¿Quién era ese tipo? – dijo el demonio.
- ¿Y quien eres tú? – Sakura lo miró de arriba abajo, más de forma pervertida que curiosa.
- Sakura, este es Shippo, Shippo esta es Sakura – ella suspiró.
- Y yo que pensaba que estabas libre…
- ¡¿Qué?! Shippo y yo no…
- ¿Entonces me lo puedo quedar? – se abrazó a su brazo y él protestó.
- Yo no soy propiedad de nadie – se la quitó de encima de una manera que me pareció hasta cómica.
- Pues con el cuerpo que tienes deberías os e te echarán todas encima – me pegué una palmada en la frente, la delicadeza no era para nada una cualidad de mi amiga. Miré a Shippo de reojo y tenía el ceño fruncido aunque estaba algo sonrojada – una cadena con un candado al cuello irían bien…
- Sakura… - ella sonrió.
Tras echarla una pequeña bronca a modo de insultos cariñosos ella se relajó un poco y pudimos tener una comida algo tranquila, aunque de vez en cuando soltaba algún comentario pervertido entre frase y frase. Pero no me preocupé porque al final de la comida Shippo estaba tan acostumbrado a ellos que ya los respondía.
Nos despedimos de ella, ya que había quedado con su nueva proposición y yo llevé a Shippo al Parque temático y al cine.
Lo más divertido de la tarde fue conseguir que Shippo se montara por 2ª vez en una montaña rusa, y el como enseñarle a comerse el algodón de azúcar sin llenarse la cara de rosa.
Al final de la tarde decidimos caminar tranquilamente a casa porque lo bueno de ser nosotros es que no nos cansábamos con facilidad y nos apetecía relajarnos al final del día caminando. La calle estaba empinada hacia abajo y teníamos una preciosa puesta de sol casi completamente anaranjada en frente nuestra.
- Tengo que admitir que al final las ropas no han sido incómodas, es más no me molesta llevarlas – yo sonreí
- Eso que al final el día no ha sido tan terrible como se presentaba – se paró y me miró.
- No, ha sido genial – yo sonreí mientras lo miraba a los ojos que ahora mismo reflejaban los colores naranjas y dorados del atardecer. Cuando pensé que el mundo se detendría, que solo existiríamos nosotros dos ahí parados, el viento me trajo el olor de mi madre. Ambos nos volvimos y vimos su silueta negra recortada contra el atardecer.
- ¿Mama? – nos acercamos y ella sonrió mientras nos abrazaba - ¿estas bien?
- Sí, ahora sí – su sonrisa era sincera, pero aun podía ver dolor, mucho dolor en sus ojos. Siempre había oído que los ojos son el reflejo del alma, y mi madre aun sufría. Cuando nos separamos miró a Shippo de arriba abajo y sonrió.
- No preguntes – casi suplico el demonio.
- No lo haré, pero veo que os lo habéis pasado bien – ambos sonreímos a la vez sin ni siquiera saberlo – tengo el coche ahí abajo, ¿os llevo? – miré a Shippo y este se encogió de hombros.
- Vale – aunque podría haber seguido andando durante horas y luego haber corrido una maratón porque mi cuerpo no estaba cansado, mi mente ya empezaba a protestar por el sobre-esfuerzo que había hecho levantándome tan pronto por la mañana.
Caminamos hasta el coche, donde Shippo y yo nos sentamos en la parte de atrás.
- ¿Qué habéis hecho hoy? – yo ya estaba cerrando los ojos así que fue Shippo quien habló.
Mientras le relataba las cosas que habíamos ido haciendo yo fui poco a poco rindiéndome a la batalla contra Morfeo. Al final mi cabeza se apoyó en el hombro de Shippo y me quedé profundamente dormida.
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Re: InuKago pasado y presente separados, un futuro juntos

Mensaje por inuyashaxkagome el Sáb Nov 24, 2012 5:44 pm

Está recontra genial la historia ^_^ realmente no imagine encontrarme aqui está estupenda historia ya que el anterior foro en el que estaba "Inuyasha Mania" lo han borrado TT^TT está vez no me quiero quedar con las ganas de seguir disfrutando de está historia y por eso esperare con ansias leer la continuación ^_^
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Re: InuKago pasado y presente separados, un futuro juntos

Mensaje por inuyaadri el Dom Nov 25, 2012 5:40 pm

HOLA PUES ME ENCANTO ESPERO QUE LO SIGAS SUBIENDO DE BERDAD ME EMOCIONO MUCHO LO ESPERARE MUCHO ADIOS lol! lol!
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Re: InuKago pasado y presente separados, un futuro juntos

Mensaje por inuyashaxkagome el Lun Nov 26, 2012 11:39 am

Si Yo ya quiero conti lol! lol! lol! lol! lol! no me dejes con está intriga que me mataaaaaaaaaaaaaaa bounce bounce
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